.
.
.
.
.
.
Esta es historia de padres, de hijos y de preguntas, inspirado en un post de Candorosa.
Muchas veces me ha tocado responder las preguntas curiosas de mis hijos. No es algo fácil, pero una se va acostumbrando a responder con la verdad, sin tabúes y poniendo cara de "acá está todo bien, no se me mueve ni un pelo, ni me pongo colorada".
Generalmente nos toca a las madres el evacuar las dudas de los hijos. Quizás porque estamos mas tiempo con ellos, quizás porque nos tienen mas confianza, o vaya a saber una por qué.
Una vez había una reunión en casa. Muchos matrimonios jóvenes con hijos pequeños y yo, con mis hijos un poco mas crecidos.
En un silencio que se hizo sin querer, se escucha la vocecita de mi hijo mayor quien, así de la nada, me pregunta, , "Mami, ¿qué era un espermatozoide?"
Tiiiin...! Todos los rostros giraron hacia mi, para ver que contestaba. Entonces le volví a explicar, porque el ya lo sabía de antes pero se ve que se olvidó.
_Ah, me dijo mientras su cara tomaba tintes rojizos extremos, yo pensé que era una especie de asteroide!
Bueno, suena parecido...
Hace poco, el padre de mis hijos se quedó cuidándolos, y cuando volví me enteré de algo que me causó mucha, pero mucha gracia.
Estaban todos sentaditos cenando y una de mis hijas adolescentes le preguntó, sin sospechar siquiera la respuesta pues de otra manera ni se le hubiera ocurrido abrir la boca, que era el PUNTO G...
Ahhhh, ¡cómo me hubiera gustado ser mosca para estar en ese momento presente!
En fin... si todavía no te metieron en un brete, ya lo harán!
Y para matizar, Les Luthiers y La gallinita dijo EUREKA!