viernes, agosto 7

Historia 19

Y ahora entiendo todo.
Entiendo por qué mi hijo siempre quería estar en el patio cuando se juntaba con sus amigos a pesar del frío.
Entiendo por que bajaban la cortina y cerraban las puertas, a pesar de que no nos molestaba la música a los de adentro.
Entiendo por que el otro día lo vi como ido y me juró que apenas había tomado una cervecita.
Cuando encontré un pucho finito en el patio de mi casa, por un momento lo miré extrañada. Segundos tardé en darme cuenta que no era la colilla de un cigarrillo normal.
Algunos dicen que es normal, que todos fuman porro hoy en día.
Puede ser, lo que sucede es que "todos" poco me importan.
¡Me importa mi hijo!

sábado, mayo 23

Historia 18



. . . . . .
Tenía que venir a Buenos Aires. Hacía mucho tiempo que lo venía planeando. Me gusta la capital. Si bien yo vivo en una ciudad importante del interior, nada es igual a la gran urbe!

De día me gusta pasear por los museos, encontrarme con amigos y desparramarnos en la vereda de un bar a beber algo, fumar y conversar animadamente. Me gustan los jacarandáes, la sombra de los bosques de Palermo, las avenidas, los edificios, los monumentos.
De noche me gusta pasear por San Telmo. Sus calles adoquinadas, sus edificios antiguos, sus bares, su música callejera y las luces!

Siempre me alojo en el mismo hotel céntrico. Es pequeño, elegante, el servicio es bueno, las habitaciones confortables y ya me conocen.
Anoche, luego de un largo día de charlas y paseos, volvi al hotel, lista para ir a dormir.
Me di un baño, me acosté y prendí la tele para hacer un rápido zapping y ver que era lo que no iba a mirar!

Ya estaba adormecida, cuando esuché un sonido lejano, no muy definido, y algo extraño. No podía distinguirlo bien y agucé el oído. Pronto pude identificarlo porque lo escuchaba cada vez mas fuerte. Eran unos gemidos. Alguien estaba gozando, y mucho.
Me levanté, cerré la ventana y miré la hora. Eran las 2.35 de la madrugada.
A pesar de mis esfuerzos por no escucharlo, los gemidos eran cada vez mas intensos y mas fuertes.
Me sentía incómoda. Como cuando uno espía algo privado, secreto. Pero no podía evitarlo. Pasaron 20 minutos, hasta que la señora, o señorita, hizo silencio.
Por fin podría dormir tranquila! ¡O eso pensé!
Alrededor de diez minutos de silencio, y otra vez la burra al trigo. Solo que esta vez, los gemidos eran acompañados de risas y palabras obsenas.
Ya no sabía que hacer. Me tapé con la frazada, y nada. Cubrí mi cabeza con la almohada, y nada! Parecía como que estábamos todos en la misma habitación!
Tres veces a lo largo de la noche pasó lo mismo!

Pensé en llamar a la administración, pero ¿qué iba yo a decir? ¿Que me quejaba de que mi vecina estaba gozando demasiado fuerte?
¿Y si agarraba un palo y les golpeaba la pared? ¡También pensé en salir al pasillo, golpearles la puerta y salir corriendo! O pordía gritar bien fuerte: "¡¡Fueeego, fueeeeeeeego!!"
Mientras yo pensaba seriamente en llamar al 911, a CrónicaTV y a los bomberos para que apaguen semejante incendio, se hicieron las 7 de la mañana, y yo sin poder pegar un ojo!

Lo peor de todo fue a la mañana. Hora del desayuno. Todo el mundo con cara de haber dormido poco, y mirándonos con desconfianza.
¿Habrá sido la rubia teñida esa, o la morocha de rulos?
La flaca seguro que no fue, tiene cara de haber chupado un limón toda la noche!
O quizás esa que está sentada sola, seguro que el marido está durmiendo!
¿O será aquella de la otra mesa? ¡Tiene cara de satisfecha!

Solo a mi me pueden pasar estas cosas. No solo me toca de vecina una mujer ruidosa, sino que además, multiorgásmica!
.

lunes, abril 27

Historia 17


.
.
.
.
.
.

Esta es historia de padres, de hijos y de preguntas, inspirado en un post de Candorosa.

Muchas veces me ha tocado responder las preguntas curiosas de mis hijos. No es algo fácil, pero una se va acostumbrando a responder con la verdad, sin tabúes y poniendo cara de "acá está todo bien, no se me mueve ni un pelo, ni me pongo colorada".
Generalmente nos toca a las madres el evacuar las dudas de los hijos. Quizás porque estamos mas tiempo con ellos, quizás porque nos tienen mas confianza, o vaya a saber una por qué.

Una vez había una reunión en casa. Muchos matrimonios jóvenes con hijos pequeños y yo, con mis hijos un poco mas crecidos.
En un silencio que se hizo sin querer, se escucha la vocecita de mi hijo mayor quien, así de la nada, me pregunta, , "Mami, ¿qué era un espermatozoide?"
Tiiiin...! Todos los rostros giraron hacia mi, para ver que contestaba. Entonces le volví a explicar, porque el ya lo sabía de antes pero se ve que se olvidó.
_Ah, me dijo mientras su cara tomaba tintes rojizos extremos, yo pensé que era una especie de asteroide!
Bueno, suena parecido...

Hace poco, el padre de mis hijos se quedó cuidándolos, y cuando volví me enteré de algo que me causó mucha, pero mucha gracia.
Estaban todos sentaditos cenando y una de mis hijas adolescentes le preguntó, sin sospechar siquiera la respuesta pues de otra manera ni se le hubiera ocurrido abrir la boca, que era el PUNTO G...
Ahhhh, ¡cómo me hubiera gustado ser mosca para estar en ese momento presente!

En fin... si todavía no te metieron en un brete, ya lo harán!

Y para matizar, Les Luthiers y La gallinita dijo EUREKA!

lunes, abril 20

Historia 16




De autor anónimo....



La siguiente pregunta fue hecha en un examen trimestral de química en la

Universidad Complutense de Madrid. La respuesta de uno de los estudiantes
fue tan 'profunda' que el profesor quiso compartirla con sus colegas, vía
Internet; razón por la cual podemos todos disfrutar de ella.




Pregunta: ¿Es el Infierno exotérmico (desprende calor) o endotérmico (lo absorbe)?

La mayoría de estudiantes escribieron sus comentarios sobre la Ley de Boyle (el gas se enfría cuando se expande y se calienta cuando se comprime).

Un estudiante, sin embargo, escribió lo siguiente:

'En primer lugar, necesitamos saber en qué medida la masa total del Infierno varía con el tiempo. Para ello hemos de saber a qué ritmo entran las almas en el Infierno y a qué ritmo salen.

Tengo sin embargo entendido que, una vez dentro del Infierno, las almas ya no salen de él. Por lo tanto, no se producen salidas.

En cuanto a cuántas almas entran, veamos lo que dicen las diferentes religiones: la mayoría de ellas declaran que si no perteneces a ellas, irás al Infierno. Dado que hay más de una religión que así se expresa y dado que la gente no pertenece a más de una, podemos concluir que todas las almas van al Infierno.

Con las tasas de nacimientos y muertes existentes, podemos deducir que el número de almas en el Infierno crece de forma exponencial.

Veamos ahora cómo varía el volumen del Infierno: según la Ley de Boyle, para que la temperatura y la presión del Infierno se mantengan estables, el volumen debe expandirse en proporción a la entrada de almas. Hay dos posibilidades:

1. Si el Infierno se expande a una velocidad menor que la de entrada de almas, la temperatura y la presión en el Infierno se incrementarán hasta que éste se desintegre.

2. Si el Infierno se expande a una velocidad mayor que la de la entrada de almas, la temperatura y la presión disminuirán hasta que el Infierno se congele.

¿Qué posibilidad es la verdadera?

Si aceptamos lo que me dijo Ana en mi primer año de carrera ('hará frío en el Infierno antes de que me acueste contigo'), y teniendo en cuenta que me acosté con ella ayer noche, la posibilidad número 2 es la verdadera y por tanto daremos como cierto que el Infierno es exotérmico y que ya está congelado.

El corolario de esta teoría es que, dado que el Infierno ya está congelado, ya no acepta más almas y está, por tanto, extinguido; dejando al Cielo como única prueba de la existencia de un ser divino, lo que explica por qué, anoche, Ana no paraba de gritar '¡Oh, Dios mío! '.

Dicho estudiante fue el único que sacó sobresaliente.

miércoles, marzo 25

Historia 15


.
.
.
.
.
.
Ella puso en su maleta las cosas indispensables. Un poco de ropa suya, de su hija y de su marido.
Le dio la mano a su hijita, y siguió a su hombre.
El dijo que debían partir, y así lo hicieron.
Subieron a una carreta vieja, con otras familias, con más maletas.
Atrás dejaba a sus amigos, algunos vivos y otros muertos.
Atrás dejaba a su madre en la cárcel y a su padre muerto en la calle.
Dejaba su casa, su calle, su pueblo, sus montañas, sus piedras y su mar.
Dejaba sangre, balas, aviones, sirenas, miedos, horrores, gritos, imágenes imborrables!
Dejaba su Patria.
Las lágrimas de Ella, mojaban los rulos de la pequeña, que la miraba con sus ojitos celestes asustados.
No quiso dar vuelta la cabeza. ¡No quiso mirar atrás!
¡Sentía que se le partía el corazón!
Abrazó a su niña con fuerza, y la acunó en sus brazos...
Fue un viaje largo y triste.
Ella no dormía de noche, tenía mucho miedo.
Miedo de que los descubran. Miedo de que "ellos" aparezcan con ese odio que tenían en la mirada.
¡Ella no se separó de su hijita ni un momento!

Por fin un día, que parecía que no iba a llegar nunca, cruzaron la frontera, y fueron acogidos en un campo de refugiados.
Las condiciones no eran las mejores, pero estaban a salvo de tanto horror.
¡O al menos eso creían!
Ella, junto con otros hombres y mujeres, armaron un coro. La música los ayudaba olvidar tanto dolor y tanta pérdida.

Un día, su pequeña hija de ojos celestes enfermó.
Comenzó con cólicos, y luego diarrea.
El médico le dijo que, para que se cure, la niña no debía beber líquidos pues si así lo hacía, iba a empeorar..
No era culpa de el, en esa época la medicina aconsejaba eso.
Ella cuidaba a su hijita. Era lo único que le quedaba. Era lo que mas amaba en el mundo.
Le cantaba canciones...
La acariciaba...
La abrazaba...
La besaba...
Rezaban juntas...

Una noche de verano, las dos se durmieron a la luz de la luna.
La niña no despertó mas...

Sesenta años pasaron.
Ella todavía escucha en sueños la voz de su hija....


Sólo le pido a Dios
que el dolor no me sea indiferente...
que lo injusto no me sea indiferente...
que la guerra no me sea indiferente...
que el engaño no me sea indiferente...
que el futuro no me sea indiferente...
- León Gieco -


Perdón a los que ya lo leyeron antes en algún otro blog...

martes, marzo 17

Historia 14


.
.
.
.
.


Te vi. Estabas en el mismo recital que yo, sentado en una butaca, pasillo de por medio, sin saber dónde poner tus largas piernas.
Se notaba que no querías estar ahí. Solo habías ido de acompañante, para darle el gusto a ella.
Te movías en tu asiento y yo te miraba. Me causaba gracia tu inquietud.
Me gustaron tus canas incipientes, tus brazos y tus manos acariciándote la barba.
El show había empezado. Las fans gritaban enloquecidas ante el contoneo del cantante y vos te aburrías. Era divertido verte bostezar, acomodarte de un lado, acomodarte del otro, moverte inquieto, esperando que termine la tortura.
Yo estaba sentada del otro lado del pasillo, y te espiaba descaradamente. Ya me había olvidado del show que había venido a ver, tenía el mío propio.
Nuestras miradas se cruzaron, arrugué mi nariz y me sonreíste.
Ahora que me habías descubierto, mi descaro se esfumó y te miraba de reojo. ¡Qué tonta! Pero eso también fue divertido, porque juntos empezamos un lenguaje de señas disimulado.
Vos empezaste a contarme con gestos la letra de la canción, como un lenguaje de sordomudos mas parecido al de Gasalla, que al de verdad. Era muy gracioso. Yo te contestaba con gestos en mi cara y risas.
Empecé a imitarte. Cada gesto o movimiento que vos hacías, yo lo repetía. Vos te sentabas, y yo también. Si cruzabas las piernas, yo también. Te rascabas la cabeza, y yo también. Me sacabas la lengua, yo también. Hacías una mueca, yo también.
Sacaste del bolsillo tu celular y yo también. Nos miramos, y una sonrisa pícara se dibujó en tus labios. Con los dedos de mis manos te pasé el número.
El primer mensajito llegó: "Me alegraste la noche. ¿Nos podemos ver mañana?"


...te vi, te vi, te vi
y yo no buscaba a nadie y te vi ...
- Fito Paez -
.

viernes, marzo 13

Historia 13


.
.
.
.
.
.
.
.
Era su primer baile. Ella era adolescente y había esperado mucho tiempo este momento. Estaba ilusionada y nerviosa, feliz, y asustada.
Miles de preguntas se cruzaban por su cabeza.
¿Alguien me sacará a bailar?
¿Me gustará?
¿Y si lo piso sin querer?
¿Me pondré colorada como siempre?
¿Sabré que decir, o me quedaré muda?
¿Y si me pongo a tartamudear?

El salón estaba lleno de gente. La música fuerte, las luces de colores, las guirnaldas y los globos, los rincones oscuros.... Todo era como ella lo había imaginado.
Los chicos iban y venían, charlaban, se reían, se codeaban, se miraban de reojo..
Bailó con uno, bailó con otro, era feliz!

Y llegaron los lentos. Ella estaba sentada al lado de la barra charlando con una amiga. De reojo, lo miraba a él. No sabía su nombre, solo su apodo.
El era mucho mas grande, amigo de su primo. Alto, canchero, con bigotes, parecía que se las sabía todas. Pero no la veía. Y era lógico, ella era muy chiquita y el estaba siempre rodeado de las mujeres mas lindas de la fiesta.

Las horas pasaban y la fiesta iba terminando. Ya quedaba poca gente cuando el se percató de su presencia. Se acercó y le preguntó si quería bailar...
Wow! Ella sintió que se le aflojaban las rodillas! La panza se le llenó de mariposas y un enano revoltoso quería salir de su interior y ponerse a saltar de felicidad.
Y bailaron. Ella estaba tan nerviosa que le transpiraban las manos, sentía su cara ruborizada y había enmudecido. Pero el tampoco hablaba. Solo la miraba y sonreía con dulzura.

Después de esa noche, nunca mas se vieron. Pasaron 30 años y ella aún recuerda ese momento. Su primer baile. Su primer lento...

Pero el destino tenía preparado un reencuentro...